lunes, 2 de mayo de 2016

La distractora ansiedad.


Una tarde, de cierto día, las nubes estaban tan juntas, que cubrían el paso directo a los rayos del sol. Para ese momento se escuchaba el murmullo de las personas que venían cuesta abajo, pues siendo la hora del regreso a casa, contentos caminaban por la calle principal, la que conecta las casas con todo lo demás. María creía que sería como todas las tardes, así que se dispuso a esperar ansiosamente a que dejaran de pasar todas esas personas, ella ya sabía que eso pasaría, solo que, aunque por lo general duraba no más de una hora, entre el ir y venir, para ella era una eternidad, sentía que pasaban horas para poder estar tranquila.
Curiosamente, todos los días, María, aunque dedicándose atentamente desde la mañana a sus labores, llegando justamente esa hora de la tarde, comenzaba a pensar que comenzarían a pasar las personas, comenzaba a atender con cuidad los sonidos de la calle, y se dirigía a asomarse para comprobar su idea y, como veía pasar personas la desesperación comenzaba a llegar a ella moviéndose como acostumbraba… Y sin darse cuenta cómo lo hacía, comenzaba a sentir su distractora ansiedad.

Pero resulta que cierto día...
despertó a la hora acostumbrada, y como estaba acostumbrada comenzó sus labores, con toda la dedicación  y atención que solo María acostumbraba,  ese era un día especial.  María se sentía especialmente contenta con lo que hacía y eso no era costumbre, pero María no se daba cuenta de lo que empezaba a pasar, solo hacía lo que tenía que hacer, pero contenta, aunque ella no sabía que estaba contenta, pero estaba contenta. Y así, distraída, sin darse cuenta llego cierta hora, donde se oían las risas en la calle, y al escucharlas María se sentía acompañada en su alegría, así que se sentía tan bien, y siguió haciendo lo que tenía que hacer, de pronto le llegó una idea de ver la hora, y vio que ya era la hora en que pasaban las personas y extrañada, sabiendo que algo estaba diferente, salió y vio a la gente feliz como siempre pasando por ahí, ella comenzó a sentir que su cuerpo se sentía tranquilamente bien por ver lo que veía,  pero era bien raro, porque ella no se daba cuenta de que estaba contenta.

Y así, distraídamente, María también agregó el sentirse tranquilamente bien a lo que tenía que hacer en el día, y sin darse cuenta también a eso se acostumbro.

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